Por Pedro Lluch
montmatre.jpg

Hoy es martes en París, mañana será miércoles en Oslo, y pasado Dios dirá.

Pero aquí y ahora estoy en París. Es martes: el museo Picasso está cerrado, quería visitar la exposición que le dedican al cubismo de Picasso. He bajado hasta el Louvre, pero a orillas del Sena también es martes: también el museo del Louvre está hoy cerrado. Y vuelvo al hotel, habiéndome dejado el hambre del mediodía en una oficina a las afueras de París donde me han dicho que mi segundo cliente aquí prefiere a otros para seguir adelante. Un mazazo que me ha dejado deambulando un rato por la zona de Bastille, rue de Saint Antoine, place des Vosges, el delicioso barrio del Marais. Iré a ver la expo de Picasso, me he dicho: el cubismo me interesa desde hace años (mi tesis doctoral –que nunca empecé– la quería hacer sobre el cubismo literario). El cubismo hoy son los sincopados montajes de la MTV, las lúbricas evoluciones de Shakira (¡¡en Barranquilla se baila así!!), la poliédrica e incesante lluvia de informaciones que nos llegan a todo momento de todas partes. Pero estaba cerrado: hoy es martes en París. Mi ánimo me pide sentarme a mirar Le radeau de la Méduse. Y allá que me voy. Pero el día insistentemente persiste en su marcialidad: también encuentro cerrado el Louvre. Pues a casita.

Mi casita de viajero es esta habitación de hotel al pie de Montmartre. Subiré luego a cenar a la place du Tertre, ¡tan parisina! Y al bajar recorreré los escaparates de los sex-shops, de los clubes de señoritas, de los clubes libertinos, y me apetecerá entrar en un hammam. O sentarme en un bar de narguilé a fumar sin tiempo. Ya casi oigo al demonio susurrándome pecados deliciosos a un oído y un ángel previniéndome de no caer en la tentación.

Hecho de menos estar en el secano. Pasear por el campo sin ver a nadie, sin otro esfuerzo que seguir la trocha que han dejado los conejos. Claro que en el yermo de mi tierra adentro no te encuentras de golpe con una placa en la pared que indica que en 1900, Pablo Ruiz Picasso se alojó en este estudio. Y al lado está el Bateau Lavoir, polo mítico de la pintura francesa (y europea) de finales del XIX y principios del siglo XX.

Mañana será miércoles en Oslo.


Un comentario a “Al pie de Montmartre”  

  1. 1 miguel

    conozco el museo picasso. Óptimo para la visita: está en una zona apartada, pocos japos, y una enorme colección de picassos. Además está su colección personal, con su pequeño cezanne y sus rosseaus.
    Con todo, lo más emocionante, una pequeña vitrina medio perdida en un pasillo donde guardan la silla sobre la que el pintor ponía unos periódicos viejos y mezclaba los colores. Sensación máxima de realidad.

Deja una respuesta



Comparte este artículo