Por César de las Heras
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Tremendo amanecer,
pliegues de la noche,
rastros de un cuerpo horizontal
varado entre unas sábanas
que no abrazan los costados,
que acarician y entienden.

Discreta al menos
al recubrir tu espalda.
Hemos hurgado juntos
todos los pliegues de la piel
sin encontrar el nexo
del corazón acelerado.

No te daré más
de lo que ya te he dado,
no reconozco tu olor
y los paseos por tu piel
no me relajan,
cansan los miembros.


Un comentario a “Tremendo amanecer, 4”  

  1. 1 gat1ta

    La luz anaranjada del amanecer
    Se cuela por los ojos de la persiana
    Despertando el deseo acallado con el sueño

    No necesito oler para reconocer.
    Papilas gustativas en los poros de la piel
    Mientras se entrelaza mi espalda con tu pecho

    No necesito que me den más
    Me vale con el recuerdo
    Del sabor a leña
    Del olor a vino
    Del color del gemido
    Del destello de tu mirada

    Sigo manteniendo mi alma en vilo
    Sigue el corazón inquieto
    Tal vez si.
    Tal vez necesite más

    Otro Tremendo Amanecer?
    Tal vez.

    Para asegurarme de que
    No necesito que me den más

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